INFLUENCERS

El pánico detrás de la pantalla perfecta

¿Cuánto odio puede soportar alguien antes de quebrarse? Alix Earle acaba de responder esa pregunta con una honestidad brutal: no tanto como creíamos.

En Resolute observamos que la narrativa de la influencer imperturbable, siempre sonriente ante la cámara, se desmorona con cada confesión como esta. Earle compartió que sufrió un ataque de pánico tras recibir una avalancha de mensajes de odio de usuarios anónimos, lo que la obligó a alejarse temporalmente de las redes sociales. No es un caso aislado: creemos que estamos normalizando la violencia digital como parte del oficio de la visibilidad pública. Vale la pena recordar que detrás de cada perfil verificado hay una persona vulnerable, y que el anonimato no debería ser licencia para la crueldad colectiva. La salud mental no es negociable, ni siquiera cuando se firma un contrato tácito con el escrutinio público.

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Quizá esta pausa le recuerde a la industria que el contenido constante no vale más que la cordura de quien lo produce. Y a nosotros, que un like no justifica un ataque.

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